Redactado el 02 de Abril del 2020.
Ayer escuché a una periodista decir una frase que para mí fue la llave de todas las puertas. Decía que, en realidad, nunca hemos sabido que va a pasar mañana, siempre nos ha tocado vivir al día y al minuto. Contábamos con una serie de estructuras aprendidas que nos llenaban la agenda día con día, minuto a minuto y era esa estructura de la que nos quejábamos todos los días.
¿Qué cambió?
Nos despertamos una mañana disponiendo de las veinticuatro horas del día que rogábamos nos alcanzaran todos los días para terminar los pendientes, teniendo todo el día para compartir con nuestro núcleo familiar y fortalecer los recuerdos familiares, cuando podemos aprovechar nuestro día para leer, para ejercitarnos, para sanar nuestro cuerpo y nuestra mente a nuestro ritmo y sanar las relaciones con los demás que habíamos dejado pendientes.
Los cambios es lo único que ha sido constante en nuestra vida, cambiamos cuando pasamos de gatear a caminar, de la escuela al colegio, cuando terminamos nuestro primer romance, cuando cambiamos de trabajo. Hay cambios que escogemos y otros son impuestos, pero si miramos la esencia, nada ha cambiado. La vida nos está dando la oportunidad de tomar las riendas de nuestras vidas y trabajar en nosotros.
Hoy más que nunca somos dueños de nuestras vidas, de nuestro tiempo, de nuestro horario.
Podemos disponer a que dedicarnos, como innovar, que queremos aprender y que series queremos ver.
Nos quitaron las etiquetas de horarios, de código de vestimenta, de formalismos y compromisos a los que no queríamos asistir y somos dueños de nuestras vidas total y absolutamente.
Si, cambiaron las fechas, pero no las intenciones, nos volvimos más solidarios, más humanos, más hermanos, más responsables y obedientes. Volvimos a creer, nos acercamos a lo que nos alimenta el espíritu.
Estamos fortaleciendo nuestra disciplina, nuestra tolerancia, nuestra paciencia.
Valoramos y atendemos mejor nuestro presupuesto, nuestras metas y lo que tenemos que hacer para alcanzarlas.
Nos tocó aprender a abrazar por vídeo llamada, a modernizar nuestras formas de contacto, pero ahora más que nunca apreciamos y valoramos a los que no están cerca y nos toca verlos a través de una pantalla.
¡Tal vez, cambiamos porque ahora estamos todos en el mismo barco y no hay a quien responsabilizar de lo que hagamos en estos días más que a nosotros!